Magnífica presentación del Bafochi en Norrköping

El 18 de septiembre, día nacional de la República de Chile, fue celebrado con la presentación el Ballet Folklórico de Chile, BAFOCHI, en la Sala del Flygeln en Norrköping.

Fotografía: María-Paz Briones Alfaro

El acto fue presenciado por unos 400 cientos espectadores que se deleitaron de la exposición danzas de todo Chile, tales como bailes pascuences, mapuches, nortinos, del centro y del extremo sur de ese país. También hubo homenajes a las figuras de Gabriela Mistral y Pablo Neruda, ambos galardoneados con el Premio Nóbel de Literatura.

Fotografía: María-Paz Briones Alfaro

El Ballet Folklórico de Chile, traido a Norrköping por la Asociación Víctor Jara, cuenta con 35 personas entre los que se cuentan bailarines, músicos, cantantes y técnicos. La agrupación tiene por objetivo presentar un repertorio de danzas que representan la diversidad cultural chilena, para lo que se realizan constantes giras dentro de Chile y a nivel internacional.

/RD

Con el profe José Miguel Varas, en la sala del fondo

          Hace cinco años recibió el codiciado Premio Nacional de Literatura en Chile, por su prolífica obra escrita en prosa. Pudo perfectamente haber obtenido el Premio Nacional de Periodismo por su trabajo como editor en la Revista Rocinante, su labor en Radio Moscú, por haber sido uno de los directores de la revista El Siglo o por haber oficiado de Jefe de Prensa en Televisión Nacional a principios de los años 70. Con la ida de don José Miguel Varas, a sus 83 años de edad, se va también uno de los mejores escritores chilenos del pasado y del presente siglo.

          Hace diez años tomé mis pertenencias (se me hace que el dicho “hacer las maletas” sería presuntuoso por la pequeña cantidad de cosas que atesoraba) y me desplacé desde Antofagasta a la capital para hacer mi práctica como periodista egresado. El medio que me acogió fue la desaparecida Revista Cultural Rocinante y no fueron los juguetones espíritus del azar los que me enviaron allí, sino mis alas de estudiante soñador de trabajar en un periódico que, según mi parecer, combinaba una visión crítica e inteligente en sus columnas.

          Tras un contacto telefónico con quien sería mi futuro Jefe de Práctica, quedamos en juntarnos a eso de las 9 o 9 y media de la mañana. Mi provinciano desconocimiento de la metrópolis me llevó a salir tempranísimo de la casa en la que arrendaba una pieza donde viviría parte de mis próximos meses de estadía en Santiago. Con un pequeño mapa salí en búsqueda de lo que sería un pequeño departamento ubicado en Providencia. Llegué más o menos una hora más temprano de lo acordado, una mañana de enero que daba muestras de lo sofocante que sería aquel verano santiaguino que me tocó vivir.  Esperé con ansias a don José Miguel. Sabía de su trabajó en Radio Moscú, programa que mi abuelo escuchaba sigilosamente, a quien ayudaba a encontrar el dial correcto en esa antigua transmisora que poseía. También había leído su novela Porái, que por alguna extraña razón estaba en la casa donde crecí. Digo “extraña razón” ya que aquella novela pudo haber sido reconocida como “material subversivo” o, mejor dicho, producción de un “autor subversivo” y haber traído problemas a nuestra familia que tuvo que esconder o deshacerse principalmente de discos de vinilo que mi madre rescató de la emisora tocopillana en la que trabajó hasta el golpe militar.

          Mi imagen sonora de don José Miguel no encajó con la imagen que recibí en vivo y en directo de él, algo común al verificar la corporeidad de las voces radiales. Al decir verdad, no tenía una imagen muy definida, sólo que sería muy alto, tal como Volodia, lo cual no debiera sorprender ya que mis recuerdos provienen de cuando yo tenía menos de diez años de edad. Tampoco era bajo. Apareció con ropa oscura, una boina y unos zapatos que parecían bastante cómodos, como de gimnasia. Me saludó caballerosamente con su timbre de voz profundo y correcto, que hoy me parece tan característico de él. Acto seguido, entramos al departamento que funcionaba como centro de redacción de la revista. Era un lugar simple. A la izquierda estaba la oficina de la secretaria, a la derecha había una sala de reuniones. El resto del departamento constaba de una sala que servía para depositar material y una pieza que era la oficina del editor de la revista, es decir, de don José Miguel. Allí se manejaban los textos de todos los colaboradores de la revista. Había un computador, un par de estantes con libros y archivadores. No era la sala de redacción que imaginé, pensé un tanto desilusionado en un principio; llegó a ser algo mejor, una sala de cátedra con aprendizajes que llevó conmigo hasta hoy. Trabajamos en esa pieza durante casi cuatro meses.

          Don José Miguel era quitado de bulla. No decía más de lo necesario, pero lo que decía lo hacía con exactitud y eficacia. Mi interés y admiración buscaba saber más de él como periodista, escritor y testigo de pasajes y de la vida de personajes claves en las historias recientes que envuelven a este Chile que hoy miro y respiro desde estas nórdicas tierras en las que estoy radicado hace algunos años. Con el tiempo se me fue dando esa posibilidad, pues durante mis meses en la capital llegué a conocer a una figura que nunca buscó figurar, a una persona que no buscó aparecer más que sentado al lado de las sombras de su propia creación y trabajo. Extraño, en un mundo en que el ego es el centro y la obra es periferia.

          Mi último recuerdo de él no data de la última vez que lo vi sino de una invitación a almorzar en su casa. Junto a él y doña Iris, su compañera, comí el mejor de los almuerzos que ingerí durante mi estancia en la capital. Don José Miguel no sólo me mostró su hogar sino también el arte de la edición periodística, me contó sucesos que vivió en el Chile de la segunda mitad del siglo 20, me relató algunas de sus experiencias en Radio Moscú, conversamos de la única experiencia común que teníamos, la de haber vivido fuera del país: en síntesis, me enseñó, no sé si conscientemente, una asignatura híbrida mezcla de periodismo, literatura, historia y ética. En estos momentos frente al computador, un 24 de septiembre a las 21 horas suecas, una hora después de conocer esta mala nueva, el recuerdo de don José Miguel Varas es el recuerdo de un buen profe, uno de los mejores que he tenido (y hartos que han sido) en una sala exclusiva para mí, la sala que estaba al fondo de la Revista Rocinante.

/Rodrigo Durán Alfaro

Controle su restaurante favorito desde su Facebook

Desea revisar cómo se manejan los alimentos en su restaurante favorito? A partir de esta semana lo puede hacer desde su cuenta de Facebook, tras la iniciativa de la Inspección de Alimentos de la comuna de Norrköping de abrir una cuenta en este popular medio social.

En la página de Facebook se publicarán los resultados de los controles que hace este órgano, cuya función principal es la revisión de la calidad de los alimentos y también de los locales en que éstos son preparados para su posterior venta.

Maria Pihlajärvi, Jefa de la Inspección de Alimentos de Norrköping, comentó a los diarios locales Folkbladet y Norrköpings Tidningar que la idea es informar a la población y no perjudicar a los diferentes restautrantes y almacenes locales.

RD/

Homenaje a Allende en Norrköping

Fotografía: María-Paz Briones Alfaro

 

Un acto en homenaje al Presidente Salvador Allende y a las víctimas caídas a partir del 11 de septiembre de 1973, se realizó en el local de Hageby hus ayer domingo a las 17.30 horas.

 

 

 
 

Fotografía: María-Paz Briones Alfaro

La actividad contó con las presentaciones del Grupo de Danzas “Lautaro” y el canto y baile del Grupo Quimantú, ambos provenientes de Estocolmo, además de la actuación del Centro Cultural Bolivia y la declamación de la poetisa Ana Cuadra.

Fotografía: María-Paz Briones Alfaro

 

La conmemoración del 11 de septiembre chileno, organizada por la Asociación Cultural Víctor Jara y que contó con la presencia de unas 40 personas, se centró en el recuerdo de las víctimas del Golpe Militar en Chile y también en la actual lucha del movimiento estudiantil chileno.

/RD