Las demandas de los estudiantes chilenos

        Hace medio año que la Confederación de Estudiantes de Chile inició un movimiento para exigir un cambio profundo en un sistema educativo desigual y excluyente. Estas son sus peticiones.

Foto: José Escorza Walker

En un documento publicado el 30 de abril, la Confech expresa las exigencias de los estudiantes en cuanto a una educación igualitaria. En el documento se aclara que lo más importante de sus demandas es la recuperación de un sistema educativo que satisfaga las necesidades de la ciudadanía de desarrollo mediante la educación formal, sin importar los ingresos de cada ciudadano. Este sistema desapareció con la dictadura militar (1973-1990) cuando gran parte del sistema escolar fue privatizado y el lucro se convirtió en el motor de los establecimientos educacionales.

Foto: José Escorza Walker

La Confech expresa con claridad que se necesita un nuevo sistema tributario para financiar una educación gratuita, lo cual también fue recomendado por el Fondo Monetario Internacional, FMI. En un informe publicado en octubre, el FMI sostiene que el estado chileno debe mejorar su sistema de impuestos para poder pagar los gastos del sector público.

La mayor parte de la población, en específico las clases sociales bajas y la clase media, han debido endeudarse para pagar los gastos de estudio superior de miembros familiares. Por esto una de las peticiones más importantes, según la Confech, es que el estado financie la educación superior y que sea igualitaria para todas las personas. Esto también incluye sistema que brinde las mismas oportunidades a las personas lisiadas que quieren estudiar a nivel superior. Una educación gratuita en todos los niveles es algo que se entiende como un derecho humano. El lucro privado debe también terminar en el mundo escolar.

También se exige cambios de leyes que impiden la democratización dentro de las instituciones educativas postsecundarias. Esto para asegurar la participación de los estudiantes y del personal en decisiones importantes sobre temas que competen a todos.

/RD

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Néstor Córdova Adaro, director de Latino Teater

“Ahora escribir es un proyecto de vida“

        El acto de escribir, cuando se vive en un país que no es el natal, puede ser muchas veces una reacción a la nostalgia. En el caso de Néstor Córdova Adaro, libretista y director teatral autodidacta, puede que también se deba a algo genético pues su abuelo también se dedicó al arte de las letras durante la época de oro de las salitreras chilenas: “Creo que viene en la sangre y estaba dormido”, sentencia. En ese caso, el “Yayo”, como lo llaman sus amigos, confiesa que esa vena lírica despertó aquí en Suecia y eligió asentarse en el mundo del arte escénico.

        Actualmente está de lleno con la dirección de la obra “Una guitarra, no un fusil – Víctor Jara”, con la agrupación teatral Latino Teater que ya lleva varias piezas teatrales en su repertorio. Con un elenco de 15 actores y 6 tramoyas que hacen posible el montaje, el objetivo es que el proyecto esté listo para ser presentado a principios del próximo año. Néstor Córdova abrió sus puertas a Prensa Norrköping, tras un ensayo en la noche de un sábado ya pintado de los colores del otoño sueco.

¿Qué obras han montado como agrupación?

Primero presentamos “La pantalla mágica” que es basada en un cuento infantil. Después presentamos “Narkomanen”.

¿Fue una obra en sueco o en español?

En sueco.

¿Tú escribes en los dos idiomas?

No, yo escribo en español. Tengo la facilidad que los muchachos con los que trabajo hablan bien el sueco y ellos la tradujeron.

Cuéntame un poco de las obras con las que has trabajado.

La primera vez que “Narkomanen” se presentó fue en Hageby hus y fue dirigida por Eric Buntin. La segunda vez que se montó la dirigí yo. Esta vez la presentamos en el Lilla Teater. Después hicimos “La reina del Tamarugal” que es la historia de La Tirana, que yo escribí y dirigí. La siguió otra pieza basada en el cuento infantil “Den hemliga skogen”.

       

        Néstor confiesa sentir una responsabilidad social en su trabajo dentro del arte dramático, independiente del tipo de obra con el que trabaje y también del tipo de público que su elenco le toque enfrentar.

 

 Tú me cuentas que has trabajado con algunas obras infantiles y a veces te has metido en proyectos tan serios, pues la historia de Víctor Jara es algo tan trágico. Tú como libretista, ¿cómo vives ese cambio en tu trabajo?

Mira, no es muy difícil entender el cambio porque uno al empezar en el teatro, comienza con cosas más fáciles, no tan complicadas. Trabajar con niño es más fácil porque ellos tienen una cierta soltura en su cuerpo, sin tanto pedirles “actuar”.

Pero en cuanto a contenido, un cuento infantil es siempre más simple, ingenuo tal vez, y ahora entras en un mundo más dramático, más trágico.

Sí, pero en general todas las obras que he escrito tienen un trasfondo, por ejemplo “Hemliga skogen” trataba el daño que el hombre le está produciendo a la naturaleza, por ejemplo, los cortes de árboles en el bosque, la contaminación a los mares, los ríos… “Hemliga skogen” era netamente eso. Es una enseñanza de los niños a los adultos sobre cómo se está destruyendo la naturaleza. “La pantalla mágica” también tenía un fondo que es el problema de que los niños pasan muchas horas sentados frente al televisor o computador.

¿Cómo nacen los temas de tus obras?

De diferentes maneras. El tema de Víctor Jara, bueno, yo era fanático de Víctor Jara ya en Chile. Llegué a Suecia el 88 y ya traía la historia de Víctor Jara en mí. Esta historia está planificada hace más de diez años aunque la escribí hace seis años. La figura de Víctor Jara tiene un problema gravísimo aquí en el extranjero y es que a los cabros no los incentiva, no los motiva para en participar en una obra como esta.

Esta no es una obra solamente trágica por lo que le pasó, pues Víctor Jara es complicadísimo al revisar su vida. Tan complicados también son los temas que hizo. Aquí tenemos jóvenes que tocan música y hay temas que se les hace difícil interpretar. La vida de Víctor Jara fue triste y complicada, como niño, como pobre, como músico, como artista.

Bueno, y él mismo era del mundo del teatro.

Claro, estudió teatro en la Universidad de Chile y fue director teatral. El empezó con el teatro antes de cantar.

¿Piensas tú que el trabajo del dramaturgo tiene un sentido ético?

Depende del directo o del dramaturgo. Por ejemplo, hay gente que quiere ganar dinero con el teatro y por eso buscan montar obras con ese fin.

Pero en tu caso, yo veo que esto te lo tomas en serio, por lo que me pregunto: ¿tomas tu trabajo como dramaturgo autodidacta con una labor ética?

Mira, yo les digo a los cabros aquí que si llega el día en que tenga que venderme para poder seguir con lo que estoy haciendo, yo dejo de hacer ésto. Dejar de hacer las obras como a mí me gustan, no. Cuando tú empiezas a recibir un sueldo y trabajas con un productor que quiere montar una obra, está el riesgo que te empiecen a exigir qué va y qué no va. No, eso no.

Por ejemplo, la obra sobre Víctor Jara hemos tratado de hacerla con mucha conciencia de lo que vamos a poner en escena porque arriesgamos dañar la imagen de él. Víctor Jara fue comunista pero vamos a resaltar otras cosas. No es que lo omitamos pero aquí resaltamos más el personaje que su militancia.

 

        Las diversas experiencias sociales, los diferentes códigos culturales y, por consiguiente, la complicada aventura del traducir, influyen indudablemente el momento en que se está frente a un papel o una pantalla en blanco que está por ser ocupada por palabras que toman forma y se convierten, por ejemplo, en un libreto. Al menos así lo siente Néstor, quien piensa que de haber estado en Chile habría tenido una mayor libertad en la producción de sus obras.

Entonces como director, ¿te sientes muy influido por el público que tienes aquí en Suecia?

Claro, cuando me pongo a escribir me encuentro con ese problema que no siento que puedo escribir como escribiría en Chile; esta obra va a ser traducida al sueco, pienso. Al escribir la obra sobre Víctor Jara, pongo la frase de una canción que dice “sopla como el viento la flor de la quebrada, limpia como el fuego el caño de mi fusil”. Aquí puse de todos de cabeza para intentar traducir esos versos  y nadie pudo hacerlos muy bien, es complicadísimo. Yo no soy experto en el idioma sueco, pero entiendo qué puede ser traducido y qué no. Ésto me limita montones.

¿Si hubieras estado en Chile habrías pensado diferente?

Si yo estuviera en Chile, solamente con mi idioma y presentándola en mi idioma no me limitaría para nada. En todas las obras ha sido lo mismo. Hemos tenido que borrar frases, cambiar frases… Representar a Víctor Jara en otro idioma es complicado. Víctor Jara era poético, hacía juegos con las palabras y en eso el sueco es rígido. Lo otro es el público, también ahí hay una diferencia. Aquí el público en Norrköping es reducido. Aquí ya lo conocemos, sabemos más o menos qué le gusta y qué no le gusta a la gente. Nosotros hemos tenido la suerte de que en todas las obras que hemos presentado hemos tenido éxito, buena recepción.

       

El ensayo que tuve la oportunidad de presenciar, lo caracterizó la camaradería de un grupo heterogéneo y multigeneracional que trabaja con seriedad, pero también con alegría y un sentido sano, libre de presiones mercantiles. Latino Teater da muestra de ser una agrupación estable y flexible, en una constante búsqueda de proyecciones que la lleven a perdurar en el tiempo.

 Saliéndonos un poco de la obra en sí, cuéntanos un poco más de Latino Teater, cómo se han ido desarrollando y adónde han llegado.

El Latino Teater empezó con Eric Bunti. La verdad es que nosotros comenzamos con este grupo hace unos once o doce años atrás. Todo empezó con la primera obra que fue “La pantalla mágica”. Los dos nos sentamos un día a conversar en un café, vimos una problemática, ahondamos y dijimos “esto no puede quedar aquí, tenemos que hacer algo”. También hicimos el “Hemliga skogen” (El bosque secreto). Esta obra la montamos en realidad con la Asociación Cultural Víctor Jara. Hicimos dos obras con ellos. Después hicimos una obra con la Pingstkyrkan (Iglesia Pentecostal) en la sección de habla hispana. Estábamos buscando ayuda en ese tiempo, porque no teníamos cómo lleva a cabo todo. Pero la primera obra de Latino Teater fue “La pantalla mágica”.

¿Y la obra “Narkomanen” que tú escribiste?

Esa fue con un proyecto realizado en Hageby, sector que recibió una gran ayuda para proyectos culturales. Fue ahí cuando presentamos la idea del “Narkomanen”.

¿En el elenco veo que hay dos generaciones que se juntan? ¿Cuál es el resultado de este encuentro entre personas que llegaron ya adultos a este país y otros que nacieron acá, al montar una obra sobre Víctor Jara, una persona que falleció hace casi 40 años atrás?

Mira, el primer proyecto de esta obra fracasó de frentón, porque veníamos saliendo de la obra “Narkomanen” y ahí teníamos a muchos jóvenes. Luego les presentamos el proyecto de esta obra sobre Víctor Jara y fracasó inmediatamente. Nosotros como grupo de teatro queremos caracterizarnos no por hacer un tipo de teatro tradicional, un teatro donde los actores al subirse al escenario solo digan sus libretos y así cuenten una historia. No es que esté en desacuerdo con eso, también me gusta, pero nosotros queremos valernos de cierto efectos, provocar al público para que llegue a sentir lo que está sintiendo el actor. Por eso nos valemos de todo tipo de efectos, sonidos, imágenes, humo, tiramos toda la carne a la parrilla, como se dice. Queremos que el público reaccione, no nos gusta el público estático. Con la obra “Narkomanen” nos pasó que al llegar a un punto crucial de la obra hubo dos personas que tuvieron que salir de la sala, no aguantaron, se pusieron a llorar y tuvieron que salir.

Al producir ese tipo de reacciones, ¿sientes tú entonces que estás cumpliendo con tu rol de libretista y director?

Sí y más aún el actor, pues mi trabajo ahí es coordinar lo que se muestra en escena, pero después el actor es el que lleva ese compromiso de conmover. Recuerdo que una de esas personas me llamó después de terminada la obra y me dijo: “Huevón, me hiciste llorar todo el rato”. Fue una obra fuerte. Otra cosa es que la idiosincrasia del chileno o el latino es distinta a la del sueco. La obra “Narkomanen” no la financiaron como nosotros queríamos. Nosotros queríamos seguirla mostrando en otros lugares, en las escuelas por ejemplo. Los suecos la encontraron demasiado fuerte. Para nosotros no era tan fuerte, era emocionante sí, pero no tan fuerte.

¿Cuál es la idea de Latino Teater a futuro?

Mira, para nosotros el sueño que tenemos con Latino Teater es que se acerquen más escritores, gente que tengan alguna idea o que hayan escrito ya una obra y así presentarla aquí. Yo también sueño con que llegue otra persona y haga de director. En la parte actoral tenemos gente, pero en la parte administrativa ahí se empieza a achicar el grupo. Los que tiran el carro no somos tantos. Eso de estar pensando en hacer círculos de estudio para mantener al organización nos complica, tener muchas reuniones, nos perjudica porque nos dedicamos menos al teatro, perdemos mucho tiempo en eso. El deseo nuestro es dedicarnos exclusivamente a lo que es el teatro.

/Rodrigo Durán Alfaro