CARTA A MI TOCOPILLA TORTURADA

No.

Ni se marchita la esperanza ni flaquea la lucha.

Hay que entrar en el hogar del tocopillano, sentarse a la mesa de las obreras y los obreros … para escuchar. Para volver a entender que por ese hogar ni justicia, ni distribución de la riqueza, ni trabajo social ni el cumplimiento de las promesas han llegado.

Y no ha llegado porque estemos a muchos kilómetros de distancia o porque el dinero se lo haya tragado el Chupacabras. No. Sabemos que no…

Hay que gritar y publicar – a todo pulmón- que no ha llegado únicamente porque no ha habido voluntad política.

Nuestras calles envejecen. El estuco, la piedrilla y los colores están en un exilio capitalino insoportable y prepotente. Mientras nuestras calles y playas proletarias, se extinguen bajo el yugo dictador de la mentira política.

Y mientras eso acontece cada minuto de cada insoportable día, nuestros proyectos se confunden perdidos en la papelería burocrática de la ineficacia gubernamental, nuestros niños patean polvo en una plaza destartalada. Ensuciando sus patas de provinciano guacho en el alquitrán infame de la codicia neoliberal.

Tocopilla llora su existencia a medias, reclama su justo salario, su sobreentendido acuerdo entre gobierno centralista y nuestra existencia barata de quien sobra en este gran banquete chileno de “crecimiento económico”.

No, ni se marchita la esperanza ni flaquea la lucha.
Nuestra lágrima negra emerge con ese grito de socorro profundo que flamea en mi bandera oscura de traición, dolor, escasez y vergüenza.

Tocopilla, la triste, sigue triste, amamantando a medias nuestro puerto a medias, en un asfalto a medias que se sigue negando a albergar al ciudadano de los jureles, al ciudadano de la energía, al pescador y al minero; al ciudadano de este rincón… que vuelve a ser el Rincón del Diablo para los ojos del más acaudalado.

No. La lucha no para. Continúa.
Y aunque nos arrasen con tanques y aguas militarizadas o nos llueva el chorro fecal de sus fuerzas especiales, el grito renacerá una y otra vez, porque no es la primera vez que los tocopillanos nos ponenos de pie para denunciar y exigir lo que nos corresponde.

Tanto terremoto, aluviones, inundaciones, playas cerradas, liceos enclenques, hospitales ausentes y tantos muertos en nuestra memoria, nos ha transformado en un puerto que sí sabe alzar la voz mientras el imbécil de siempre sigue atontado frente a la tele bruta con su única neurona polifuncional de reallity show.

Abrazos solidarios a nuestro alcalde. Ilustre… hoy más que nunca.

Antonio Toño Jerez
Dramaturgo y pedagogo teatral tocopillano

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